La soledad en nuestros hijos 

Desde que comenzó la pandemia, ¿cuántas veces te han dado una palmada en el hombro o un masaje rápido en la espalda? ¿No extrañas los abrazos y los apapachos?   

Los seres humanos estamos hechos para tocar y ser tocados. Es tan importante el tacto, que desde hace muchos años se sabe que las y los bebés abrazados y acariciados por sus madres ganan peso, estatura y crecen con un apego más seguro, es decir, que el infante siente la incondicionalidad de sus progenitores y tiene la certeza de que no van a fallarle.

Ahora bien, ¿qué ha sucedido desde que comenzó la pandemia? 

Como resultado de la sana distancia, en fechas recientes se habla del ‘hambre de piel’: nos referimos a que mujeres y hombres de todas las edades hemos comenzado a extrañar el contacto físico con otras personas, pues es a través del contacto físico que se establecen relaciones sociales y afectivas.

Esto en otras palabras se conoce como ‘deprivación afectiva’, lo que nos ha generado sentimientos de soledad y abandono. 

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